Los seres humanos a menudo se centran en las imperfecciones impulsadas por estereotipos sociales. En lugar de buscar cambios físicos o de comportamiento, deberíamos vernos desde la perspectiva de Dios. Aceptar nuestro diseño divino cambia nuestro enfoque del humanismo cultural a los dones innatos que Dios nos proporcionó para el éxito.